Un
grupo de amigos aficionados a la caza se alista en el ejército para combatir en
la guerra de Vietnam, dándose cuenta nada más llegar que los soldados del
Vietcong se mueven más que los ciervos y además son un poco más hijos de puta.
Michael Cimino demostraría mucha valentía
estrenando una de las primeras películas que hablaba abiertamente sobre un
conflicto que apenas hacía tres años había finalizado. El director tuvo la fortuna
de contar con un solvente grupo de intérpretes comandados por un soberbio
Robert De Niro cuándo se tomaba en serio, quizás demasiado, eso de la actuación,
lo que ayuda a soportar un metraje que por momentos se le acaba yendo de las
manos. La mayor fuerza visual y emocional de la cinta reside en el tramo
ubicado en plena contienda, con la icónica imagen de unos protagonistas que han
cambiado el juego de los bolos por el de la ruleta rusa, perfecto exponente del cazador cazado.
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